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ENRÍQUEZ
Esta
familia de la nobleza castella procede directamente de los Reyes
de Castilla, y entronca con el linaje novohispano de los Fonseca.
La
sucesión es como sigue, a partir de Alfonso X, "el Sabio",
hijo de Fernando III "el Santo":
I.
Alfonso X, rey de Castilla y León,
"el Sabio" (rey de Castilla
de 1252 a 1284), hijo de Fernando III "el Santo" y Beatriz de
Suabia, nació en Toledo el 23-XI-1221. Murió el 4-IV-1284
en Sevilla. Caso con Violante de Aragón (1236-1301; hija de Jaime
I "el Conquistador" y Violante de Hungría), y tuvo por
hijo y sucesor a Sancho IV), Fadrique, Fernando, Enrique, Felipe, Sancho,
Manuel, Leonor, Berenguela y María. Tuvieron por hijo a
II.
Sancho I, rey de Castilla y León,
"el Bravo" nació el 12-V-1258 en Valladolid. Murió
en Toledo el 25-IV-1295. Casó en junio de 1281, en Valladolid,
con María Alfonso de Molina "la Grande" (1264-1321).
Tuvieron por hijo a
III.
Fernando IV, rey de Castilla y León
nació en Sevilla el 6-XII-1285. Murió en Jaén el
7-IX-1312. Casó el 23-I-1301 en Valladolid con Constanza de Portugal
(1289-1313; hija de Diniz de Portugal e Isabel de Aragón). Tuvieron
por hijo a
IV.
Alfonso XI, rey de Castilla y León
nació en Salamanca el 13-VIII-1311. Murió en Gibraltar (Batalla
del Salado) el 27-III-1350. Casó en Alfayete (1328) con María
de Portugal (1313-1356; hija de Alfonso I de Portugal y Beatriz de Castilla).
Tuvieron por hijo a Pedro I de Castilla "el Justiciero" (ver
nota 1). Además, Alfonso XI se unió fuera
de matrimonio con Leonor de Guzmán (ver nota 3)
y tuvo por hijos a Enrique II (c.1333), rey de Castilla y a Fadrique Alonso
de Castilla (c.1335, que sigue).
V.
Fadrique Alonso de Castilla,
Señor de Haro, Maestre de Santiago, nació hacia 1335
y casó con una mujer de nombre desconocido. Tuvieron por hijo a
VI.
Alfonso Enríquez de Castilla,
Señor de Medina de Ríoseco, Almirante de Castilla, nació
en 1354 y casó con Juana de Mendoza "la Ricahembra" (hija
de Pedro González de Mendoza y Aldonza de Ayala: ver nota
2). Tuvieron por hijos a: Fadrique Enríquez, Almirante de Castilla
(c.1390, que casó con Teresa de Quiñones), Inés Enríquez
(c.1400, que casó con Juan Hurtado de Mendoza, Señor de
Almazán), Enrique Enríquez (c.1402, que sigue) y María
Enríquez (c.1405, que casó con Juan de Rojas, Señor
de Monzón: ver nota 5).
VII.
Enrique Enríquez,
1er. Conde de Alba de Liste nació hacia 1402 y casó
con María Teresa de Guzmán (c.1405-1479; ver nota
3). Tuvieron por hijos a Juana Enríquez (c.1425, que casó
con Diego de Quiñones, Primer Conde de Luna) y a Juan Enríquez
(4° hijo , c.1445, que sigue).
VIII.
Juan Enríquez de Guzmán,
Señor de Velver y Cabreros, nació hacia 1445 y casó
con Constanza de Almansa, hija de Diego de Almansa, Señor de los
estados de Almansa, Alcañices, Tavara y otros, y de María
de Zúñiga, de los 1os. condes de Nieva (por lo tanto, hermana
de Juana de Zúñiga, ver su árbol
genealógico,
antepasada de la novohispana Francisca Osorio
de Castilla). Tuvieron por hijo a
IX.
Francisco Enríquez de Almansa,
5° Señor de Alcañices, Tavara, Velver y Cabreros, y
Señor del estado de Valderrábano (en sucesión de
su tío, Juan de Almansa), 1er. Marqués de Alcañices.
Nació hacia 1475 y murió en 1541. Casó con Isabel
de Ulloa y Castilla (ver nota 4), descendiente de Pedro
I de Castilla. Tuvieron por hijo a
X.
Juan Enríquez de Almansa,
2° Marqués de Alcañices, nació hacia 1510 y murió
antes de 1544. Casó con Elvira de Rojas (ver ascendencia en nota
5). Tuvieron por hija a
XI.
Ana Enríquez de Almansa nació
hacia 1535 (ver un curioso suceso de su vida, cuando tenía 23 años
de edad, en nota 6). Casó con Juan Alonso de Fonseca
y Toledo, hijo de Rodrigo Messía Carrillo (Señor de la Guardia
y Santa Eufemia, hijo de Rodrigo de Messía y María Ponce
de León) y Mayora de Fonseca y Toledo (ver Fonseca).
Tuvieron por hijo a Alfonso de Fonseca Enríquez (c.1575), que casó
con Blanca de Villavicencio.
______________________________________________
Notas
[1]
Descendencia de Pedro I de Castilla "el Justiciero",
hijo de Alfonso XI, Rey de Castilla, y María de Portugal) (ascendientes
de Aldonza de Castilla)
I. Pedro I de Castilla (Burgos, 30-VIII-1334;
murió en Montiel el 22-III-1369) casó, en Cuellar (abril
de 1354), con Juana Castro Ponce de León (fallecida en Galicia
el 21-VIII-1374), y tuvieron por hijo a
II. Juan de Castilla (Enero de 1355)
caso con Elvira de Eril y Falces (hija de Beltrán de Eril y Magdalena
de Falces) y tuvieron por hijo a
III. Pedro de Castilla, Obispo de Osma y Palencia
(c.1380; murió el 28-IV-1461) que, de Isabel de Drochelín
(dama inglesa de la reina Catalina), tuvo por hijos naturales a 1) Alfonso
de Castilla (que casó con Juana de Zúñiga y Portugal
y fueron padres de Pedro de Castilla y Zúñiga: ver ascendencia
de Francisca Osorio de Castilla, hija
del conquistador de la Nueva España, don Luis de Castilla) y 2)
Aldonza de Castilla (que sigue).
IV. Aldonza de Castilla (c.1440) casó
con Rodrigo de Ulloa, Señor de la Mota.
[2]
Pedro González
de Mendoza, 9°
Señor de Mendoza, que estuvo casado con Aldonza de Ayala (hija
de Fernán Pérez de Ayala y Elvira Álvarez de Ceballos).
Una hija de esta pareja, doña Inés López de Mendoza,
parece que casó, hacia 1358, con don Diego Fernández de
Olarte (ver Señores de Olarte),
que era alcayde y merino en la fortaleza de Mendoza (Araba), perteneciente
a Pero González de Mendoza.
[3]
Descendencia de la Casa de Guzmán (ascendientes
de María Teresa de Guzmán)
I. Pedro de Guzmán (c.1225)
de Isabel Alonso (fallecida el 9-IX-1309) tuvo por hijo a
II. Alonso Pérez de Guzmán "el
Bueno", 1er. Señor de San Lucar (24-I-1256) casó
con María Alonso Coronel y tuvieron por hijos a 1) Juan Alfonso
(que sigue), 2) Isabel, 3) Leonor (falleció el 24-IV-1341 y casó
con Luis de la Cerda en 1306; fue amante de Alfonso XI).
III. Juan Alfonso de Guzmán,
2° Señor de San Lucar (1285-1351) casó con Urraca de
Osorio y tuvieron por hijos a 1) Alonso y 2) Juan Alonso (que sigue).
IV. Juan Alfonso de Guzmán,
1er. Conde de Niebla (1342-1396) casó con Beatriz de Castilla (hija
de Alfonso XI y María de Portugal) y tuvieron por hijo a
III. Enrique de Guzmán, 2°
Conde de Niebla (1379-1436) casó con Teresa de Figueroa (1383)
en 1399, y tuvieron por hija a
V. María
Teresa de Guzmán (c.1405-1479), que casó con
Enrique Enríquez, 1er. Conde de Alba de Liste.
[4]
Descendencia de la Casa de Ulloa (ascendientes
de Isabel de Ulloa)
I. Juan Pérez de Ulloa (c.1375)
casó con María Yáñez de Andrade y tuvieron
por hijo a
II. Pedro Yáñez de Ulloa
(c.1405) casó con Juana de Herrera y tuvieron por hijo a
III. Rodrigo de Ulloa (c.1435), Señor
de la Mota, Alcaide de la fortaleza de la ciudad de Toro, Contador Mayor
de los Reyes Católicos, Caballero de Santiago. Casó con
Aldonza de Castilla (ver nota 4) y tuvieron por hija
a
IV. Isabel de Ulloa (c.1475-1544),
que casó con Francisco Enríquez de Almansa, 1er. Marqués
de Alcañices.
[5]
Descendencia de Juan de Rojas y María Enríquez (ascendentes
de Elvira de Rojas, la mujer de Juan Enríquez de Almansa, Marqués
de Alcañices)
I. Sancho de Rojas (c.1430), Señor
de Monzón, casó María Pereira y tuvieron por hijo
a
II. Diego de Rojas (c.1460), Señor
de Monzón, casó con Elvira de Rojas, Señora de Poza,
y tuvieron por hijo a
III. Juan de Rojas (c.1485), 6°
Señor y 1er. Marqués de Poza, 7° Señor de Monzón
y Cabía, Señor de Valdespina y Serón. Casó
con Marina Sarmiento (hija de Pedro Ruiz Sarmiento de Castilla, 1er. Conde
de Salinas, Repostero Mayor del Rey, y María de Villandrado y Zúñiga,
de los 1os. condes de Ribadeo) y tuvieron por hija a
IV. Elvira de Rojas (c.1515), que
casó con Juan Enríquez de Almansa, Segundo Marqués
de Alcañices.
[6]
Ana Enríquez de Almansa,
Marcelino Menéndez y Pelayo, en su Historia de los heterodoxos
españoles, dice lo siguiente sobre ella: "Ana Enríquez,
hija del Marqués de Alcañices, mujer de don Juan Alonso
de Fonseca, fue condenada a que subiese al cadalso con el sambenito y
vela y ayunase tres días y volviese con su hábito a la cárcel,
y desde allí fuese libre. Mostraba arrepentimiento de sus pecados
y pareció a todos muy hermosa". La belleza de Ana Enríquez
también aparece en la novela de Miguel Delibes ("es una criatura
demasiado bella para quemarla", dice don Ignacio Salcedo). Tal cualidad,
sin embargo, parece ser la causa del malestar popular que produce el hecho
de castigarla tan levemente la Inquisición: "El pueblo no
podía perdonar la insignificancia de la pena, los aires de superioridad
de la penitente, su rango, belleza y suficiencia". Miguel Delibes,
obviando la circunstancia histórica de estar casada con Fonseca,
describe una hermosa relación de admiración y amistad entre
la joven y Cipriano Salcedo. En los últimos momentos, Ana escribe
a Salcedo un billete en el que le suplica que confiese, para "satisfacer
en algo a los inquisidores". Poco más adelante continúa:
"Recuerdo la visita a La Confluencia, la finca de mi padre, con ocasión
de las ligerezas de Cristóbal de Padilla, que tan caras estamos
pagando todos. Aquellos minutos felices de un otoño dorado, paseando
en su amable compañía por el jardín, me han dejado
honda huella". Cipriano contesta, recordando también con nostalgia:"...vuestra
presencia en mi casa el día de la huída, vuestra despedida,
aquel gesto imprevisto y efusivo con que me dijo adiós...".
Ana
Enríquez fue una de las primeras víctimas de la Inquisición
en Valladolid. Hija de los marqueses de Alcañices, doncella de
veintitrés años de edad y de extremada hermosura (Moza hermosa
se la llama en las relaciones del auto). Esta declaración y otras
tres de D.ª Ana se leen a continuación de la de Pedro de Cazalla
en el t.1 de Testimonios del Proceso de Carranza. Leamos su declaración
de 23 de abril de 1558, hecha en la huerta de su madre ante el Licenciado
Guilielmo, inquisidor:
«Vine
a esta villa (de Valladolid) desde Toro por la Conversión de San
Pablo, e luego doña Beatriz de Vibero me habló e me persuadió
a que la verdad del espíritu y salvación la había
ya descubierto y que tenía certidumbre de su salvación e
de estar perdonada de Dios por solos los méritos de la pasión
de J. C. e porque ella ya tenía a J. C. recibido por la fe, e que
esto llamaba vestirse de J. C., porque ya estaban hechos miembros de Christo
y eran hermanos suyos e hijos de su Padre por su redempción, y
ella me dijo entonces muchos errores, que toda la vida passada era cosa
perdida y las devociones e todas las cossas santas que hasta aquí
teníamos... y que sólo lo que habíamos de tener era
todos los merescimientos de J. C. e su passión, e que en El teníamos
sobra de justicia para salvarnos. Y escandalizándome yo de esto
por echar a mal las obras, me dixo que después de recibido a J.
C. en espíritu eran buenas las obras para agradecer a Dios la merced
que nos había dado, aunque no eran bastantes y que en todo habíamos
de parescer hijos de tal padre e hazer lo que por su espíritu nos
mostraba e guiaba. E yo entonces le dixe, a lo que creo: '¿Qué
es esto que dizen que hay herejes?' Y ella respondió que aquellos
eran la Iglesia y los santos. E entonces yo dixe: '¿Pues el Papa?'
Y ella me dixo: 'El espíritu de Dios: aquí está el
Papa', diziendolo por los que estaban alumbrados. E que lo que yo había
de hazer era confessarme a Dios de toda mi vida, e tener por perdido lo
más santo de todo lo passado..., e que no había de confessarme
a hombres que no tenían poder para absolver, y que esto se había
de creer e había de recibir con la fe, y que después se
vería claro. E yo le pregunté: '¿Pues lo del purgatorio
y las penitencias?' E ella me dixo: 'No hay purgatorio ni otra satisfacción
sino recibir a J. C. con la fe, y se recibe con él perdón
de los pecados y toda su justicia.' Yo, probando a hazer esto que me dezía
de la confessión e de recibir assí a Christo y de estar
satisfecha de esto, no podía acabarlo conmigo enteramente, aunque
con todo esso, sin otra persuasión, me confessé con un fraile
como [938] antes, sólo por cumplimiento, y no le dixe ni descubrí
ninguna de estas cossas al confessor. E también la dicha doña
Beatriz de Vibero me dixo que de la Comunión no se daba sino la
mitad: que daban el cuerpo y no la sangre... y que era un sacrilegio poner
allí en la Iglesia el Sacramento. E yo, no estando determinada
a esto por tener muchas dubdas en ello, e gran trabajo de espíritu,
acordé de esperar al Padre Fr. Domingo de Rojas, y estarme assí
hasta que él me satisfiziesse, y venido él... en la Cuaresma
passada, con lo que me habló e me declaró todo lo de arriba
que la dicha doña Beatriz me había dicho, quedé satisfecha
e lo creí ansí realmente. El me dixo que del Luthero tenía
grande estimación y era santíssimo, que se puso a todos
los trabajos del mundo por decir la verdad, e díxome que no había
más que dos sacramentos, que era el baptismo e la Comunión,
y que en esto de la Comunión no estaba Christo del arte que acá
tenían, porque no estaba Dios atado, que después de consagrado
no pudiesse salir de allí... y que idolatraban adorándole,
porque no adoraban sino el pan, e me dixo que adorar el crucifixo era
idolatría, e assí mesmo el dicho fray Domingo una noche
me leyó en un libro de Luthero, que trataba de las buenas obras
que el christiano había de hazer..., e assí mesmo me dixo
que después de venido Christo e hecha la Redención nos había
librado de toda servidumbre, de no ayunar ni hazer voto de castidad...
ni otras obras por obligación, e que en las religiones se hazían
mil sacrilegios, e que lo peor de todo era dezir misa, porque sacrificaban
a Christo por dineros, e que si no fuese por escándalo, que no
traería hábitos».

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